Del financiamiento oscuro al ultimátum de Washington: El fin de la simulación soberana
Por: Ventura Heredia Campos;
México navega hoy por aguas
turbulentas. La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra
en una encrucijada histórica que amenaza no solo la estabilidad de su mandato,
sino la viabilidad misma del Estado mexicano. Lo que hoy presenciamos no es un
accidente de la coyuntura, sino el fruto maduro —y quizás podrido— de un
complejo entramado histórico gestado desde la concepción misma de la izquierda
latinoamericana.
Quienes participamos en la
formación ideológica de esta corriente sabemos que existían análisis serios
sobre la transformación del poder. Sin embargo, al contrastar la teoría con la
praxis del gobierno actual, es evidente una metamorfosis dolorosa: aquellos que
juraron combatir los excesos del pasado se han transformado en los nuevos
usufructuarios de un sistema que, lejos de democratizarse, se ha perfeccionado
en su corrupción.
La Génesis del Financiamiento
Oscuro
La historia de la lucha por el
poder en la izquierda regional siempre tuvo una dualidad: la vía democrática y
la vía armada. Esta última, especialmente en Centroamérica, requirió de
financiamientos que a menudo desdibujaban la línea entre la insurgencia y el
crimen (secuestro, narcotráfico). En México, esta lógica evolucionó. La lucha
electoral moderna demandaba recursos colosales para la "compra de
conciencias" y la movilización masiva.
Fue aquí donde el crimen
organizado encontró su oportunidad de oro. El narcotráfico, con una visión
empresarial cínica pero efectiva, diversificó su portafolio invirtiendo en
todos los colores políticos para garantizar impunidad. Sin embargo, con el ascenso
del movimiento que hoy gobierna, la relación dejó de ser meramente
transaccional para volverse simbiótica. Ya no hay una división clara entre
quien gobierna y quien controla los cárteles; en vastas regiones del país, se
han convertido en una sola entidad operativa.
La Ingeniería Financiera del
"Nuevo Régimen"
Pero el narcotráfico tradicional
ya no bastaba para sostener las ambiciones hegemónicas del proyecto y su
solidaridad internacional con regímenes como Cuba, Venezuela o los remanentes
ideológicos en España. Se requería una fuente de ingresos propia, masiva y,
paradójicamente, "estatal".
Así nació la institucionalización
del huachicol fiscal. Bajo la narrativa nacionalista de la "soberanía
energética", el gobierno anterior, liderado por Andrés Manuel López
Obrador, diseñó una estrategia maestra: cerrar ductos para justificar la
importación masiva de combustibles desde Estados Unidos. La compra de la
refinería Deer Park y el control militar de las aduanas —operadas por la Marina
bajo directrices de cúpulas cercanas al poder familiar— no fueron medidas de
seguridad, sino la apertura de las compuertas para un contrabando técnico de
millones de barriles.
Este mecanismo permitió evadir al
fisco y generar una "caja chica" multimillonaria destinada a tres
fines:
Perpetuar el movimiento:
Financiamiento ilimitado para campañas de Morena.
Solidaridad ideológica: Envíos de
combustible "humanitario" a Cuba, pagados con favores políticos y
triangulaciones financieras.
Megaproyectos y Clientelismo:
Mantener obras faraónicas (Tren Maya, AIFA) y una base electoral subsidiada,
todo mientras la deuda pública escalaba silenciosamente.
El Factor Washington: El Jaque
Mate
Hoy, sin embargo, la realidad ha
golpeado a la puerta de Palacio Nacional. El regreso del "nuevo
inquilino" a la Casa Blanca, con una agenda agresiva y un conocimiento
profundo de los sótanos del poder en México, ha colocado a la presidenta Sheinbaum
contra las cuerdas.
Estados Unidos tiene la
información. Saben cómo se financió la llegada al poder y cómo operan las redes
de evasión fiscal y lavado de dinero. La presidenta se encuentra en una trampa
mortal: si acepta la ayuda de las agencias estadounidenses para combatir al
narco, se arriesga a que las capturas y extradiciones resulten en testimonios
que impliquen directamente a la estructura que la sostiene.
Por ello, el discurso de la
"soberanía" se ha convertido en el último refugio de la impunidad.
Negar la entrada de fuerzas estadounidenses no es un acto de patriotismo, sino
de autoprotección. Se protege a los financiadores para evitar que el castillo
de naipes se derrumbe.
El Ocaso de la Certeza
La situación es tan crítica que
la incertidumbre ha saltado de los análisis de inteligencia a los mercados de
apuestas globales. En los grandes centros financieros y casinos del mundo, ya
se tasa la probabilidad de que la presidenta no concluya el mes de enero o
febrero.
Claudia Sheinbaum realiza un
esfuerzo titánico por mostrar un rostro diferente, pero la realidad es
aplastante. Está acorralada entre la espada de un vecino del norte que exige
resultados y la pared de unos compromisos internos con el crimen organizado que
no puede romper sin sacrificar su propia presidencia. La transformación
prometida ha derivado en una captura del Estado, y el costo de esa factura está
por cobrarse.
La Ficción de la Autonomía y
el Despertar Ciudadano
Para los analistas informados, la
supuesta impermeabilidad del territorio nacional es una quimera. Es un secreto
a voces en los círculos de seguridad que, desde hace al menos cuatro años, las
agencias de inteligencia estadounidenses no solo mantienen presencia, sino que
direccionan estratégicamente operativos clave en las altas esferas del gobierno
mexicano. Ya sea en la contención migratoria o en el desmantelamiento de
células criminales, la "inteligencia" que detona las capturas de alto
perfil tiene origen en Washington; las fuerzas nacionales, a menudo, se limitan
a ser el brazo ejecutor de un cerebro externo.
La realidad operativa ha
comenzado a desbordar la narrativa oficial. Episodios documentados en zonas
fronterizas como Tijuana evidencian ya la participación directa —o la
supervisión en tiempo real— de agentes estadounidenses en la persecución de
objetivos prioritarios dentro de suelo mexicano. Mientras Palacio Nacional
niega rotundamente estos hechos, aferrándose a un discurso de soberanía que en
la práctica funciona como escudo para proteger a los inconfesables socios
financieros del régimen, la presión desde el Norte se intensifica hasta
convertirse en un ultimátum.
Estamos en la antesala de un
escenario inédito: la operación abierta de fuerzas estadounidenses en México.
En esta nueva dinámica, las corporaciones mexicanas corren el riesgo de quedar
relegadas a un papel de comparsa, un acompañamiento cosmético diseñado para
sostener la ilusión de independencia ante la opinión pública, mientras el mando
real se ejerce desde fuera. Resta ver qué retórica utilizará la presidenta en
sus conferencias matutinas para justificar el inminente despliegue extranjero;
sin embargo, subestimar la perspicacia de la sociedad es un error de cálculo.
Los ciudadanos no son ingenuos: entienden perfectamente que la soberanía no se
defiende con discursos, y reconocen el engaño sistemático cuando lo que está en
juego no es la patria, sino la supervivencia de una cuota de poder y su abraso
al partido MORENA.
Para TECATE PRESS 19 de enero, 2026
