Tras el Sorteo Mundialista de este mes, la Selección Mexicana conoce a sus rivales para el partido inaugural en el Azteca, cerrando un año 2025 marcado por la irregularidad y la presión de ser anfitriones.
A escasos seis meses de que el balón ruede en el Estadio Azteca, el 2025 cierra como un año de definiciones críticas para la Selección Mexicana de Futbol. Con el calendario marcando el fin de año, el ambiente en el entorno tricolor combina la euforia de la localía con la incertidumbre futbolística que ha dejado el proceso de Javier "El Vasco" Aguirre.
El Sorteo: La Ruta está Trazada
El evento más trascendental del cierre de año fue, sin duda, el Sorteo Final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, celebrado el pasado 5 de diciembre en Washington D.C.
México, como cabeza de serie del Grupo A, ya tiene confirmada su agenda para la Fase de Grupos. La atención nacional está volcada en el próximo 11 de junio de 2026, fecha en la que el Coloso de Santa Úrsula recibirá el partido inaugural, un evento histórico que marcará la tercera apertura mundialista en suelo azteca.
Aunque el grupo parece accesible en el papel, los analistas coinciden en que el margen de error para el anfitrión es nulo, especialmente tras un año donde el funcionamiento colectivo dejó dudas.
2025: Un Año de Altibajos para "El Vasco"
El balance del 2025 para Javier Aguirre ha sido, en palabras de la crítica especializada, "turbulento".
Copa Oro 2025: El verano pasado sirvió como la gran prueba de fuego. Si bien el equipo mostró garra, la falta de contundencia y la dependencia de individualidades siguieron siendo el talón de Aquiles.
El Recambio Generacional: Este año se consolidaron figuras jóvenes que buscan tomar la estafeta, pero la "vieja guardia" sigue teniendo un peso específico en las convocatorias, generando un debate constante sobre la renovación real del plantel.
Lo que viene en 2026
La Selección Mexicana entrará en enero a su fase final de preparación. Sin eliminatorias que jugar, el equipo depende de los partidos de preparación de "Clase A" que la Federación pueda cerrar en los primeros meses del año.
La presión es máxima: ser anfitrión obliga a México a romper la barrera histórica de los octavos de final. El 2025 se despide dejando una certeza: el Mundial ya no es un sueño lejano, es una realidad inminente que exigirá la mejor versión del futbol mexicano en su propia casa.
